
Los ataques de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) sobre Venezuela y los demás gobiernos progresistas en el continente son constantes.
Esta organización se abrogó la capacidad de calificar el ejercicio de la libertad de expresión en las naciones, para esconder su firme intención de defender la libertad de empresa de los dueños de los grandes medios de comunicación del continente, quienes la conforman, la sostienen con sus aportes y divulgan sus propias informaciones a través de sus periódicos.
Año a año, sus informes, fuertemente críticos en ciertos casos como el de Venezuela y ampliamente complacientes en otros, inundan las primeras planas de la prensa regional, replicando un esquema que aunque se instala en el país con la llegada del presidente Hugo Chávez al poder, no es nuevo en el mundo. De hecho, es una receta ampliamente estudiada y puesta sobre la palestra pública.
La SIP es, en realidad, un cartel que agrupa a los grandes dueños de medios de comunicación del continente. De ella forman parte, según su sitio web, mil 300 publicaciones, la mayoría de Estados Unidos.
Los propietarios de los grandes medios allí agrupados actúan en dos vertientes, según se desprende del documento Los amos de la SIP, de la periodista venezolana Yaifred Ron, editado por el Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información (MCI).
Su principal objetivo es proteger sus propios intereses, es decir, la posibilidad de manejar sus empresas como deseen con la mínima intervención estatal y estableciendo oligopolios que les hagan propietarios casi únicos de la posibilidad de comunicación masiva.
El otro aspecto, no menos importante, es servir de brazo propagandístico de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana, condenando a gobiernos que le son incómodos al imperio y haciéndose de la vista gorda frente a administraciones complacientes con Estados Unidos.
El documento del MCI recuerda que el antecedente más lejano del nacimiento de la SIP es una reunión, no de periodistas, sino de empresarios de la comunicación que se da en 1926 en Washington, EEUU.
En 1943 nace finalmente la entidad en La Habana. A partir de allí, las voces progresistas intentan impulsar la unión de los trabajadores de la prensa en la región.
Esto dura hasta 1950, cuando la Sociedad Interamericana de Prensa se vincula a la CIA, relación que se mantiene y fortalece hasta hoy, luego del éxito de una maniobra que refundó la organización, excluyó a los periodistas progresistas y llevó la próxima cita a Estados Unidos, bajo el auspicio de las publicaciones privadas de ese país.
El cubano Rafael Rodríguez, citado por Ron, recuerda que le impidieron su entrada a EEUU y, por ende, a la reunión, porque "no se quería que yo pusiera de nuevo en debate la tesis mantenida en Quito: la libertad de prensa en Estados Unidos no es más que formal. En el fondo, la prensa norteamericana es un instrumento monopolista de las grandes empresas".
El periodista refleja también cómo en esa cita de Washington "le dieron un golpe de Estado" a la SIP, que se mantiene hasta hoy, mediante la reforma de sus estatutos.
"Establecieron arbitrariamente el voto por publicaciones, dando una artificial mayoría norteamericana (...) Han destruido la SIP como entidad independiente, transformándola en un simple aparato político al servicio de los objetivos internacionales de Estados Unidos", señala Rodríguez citado por Ron.
Antes de esta conferencia, cada país tenía un voto dentro de la Sociedad, sin importar el número de publicaciones afiliadas. Esto cambió, de tal manera que Estados unidos pasó de un voto a 424, el número de publicaciones norteamericanas que se afiliaron a la SIP en 1946.
De acuerdo con el listado de miembros de la SIP que aparece en su página web, hoy en día la integran más de mil publicaciones estadounidenses, y según la misma fuente, la totalidad de afiliados supera los mil 1300 provenientes de 39 países. Una sola nación, EEUU, concentra casi 70% de los votos de esta organización.
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